Lo que podría haber sido…
Eran nació de la unión de Erebor y Najwa.
Erebor era de linaje noble, un elfo de alta cuna dedicado al estudio y la comprensión del mundo, volcado en acrecentar su conocimiento de lo arcano y poder mágico. En una de sus pocas travesías fuera de su biblioteca, el mago acabó en una taberna de lo más mundana donde quedó completamente embelesado por la que sería la madre de su único hijo. Najwa era una risueña y encantadora humana con una sensibilidad y un talento para las artes escénicas especial, más propias de la estirpe de Erebor.
El mago perdió de vista durante unas decanas sus estudios para centrarse en la contemplación de cada una de las actuaciones de aquella artista callejera, sobre todo cuando se trataba de la interpretación de música. Su virtuosidad y sensibilidad eran belleza pura a los ojos y oídos del elfo.
Una noche, Najwa se acercó a una de las mesas menos iluminadas y discretas del local, sorprendiendo a Erebor. Ella le hizo saber que la suya era la cara que más repetidamente había visto durante sus interpretaciones y le agradeció efusivamente su fidelidad. Aquel encuentro fue el primero de muchos y lentamente se fueron acercando hasta la concepción de Eran.
El mago compró una casa de campo a las afueras de la ciudad, oculta a los ojos indiscretos, donde poder criar a su hijo mestizo. Durante los primeros años de vida del pequeño, la pareja disfrutó de una felicidad plena, pero con el paso de los años, Najwa empezó a alejarse de su esposo. Las décadas habían hecho mella en su cuerpo, sus articulaciones y voz se habían ido deteriorando paulatinamente, mientras que en su cabeza la idea de que algún día Erebor la rechazase fue creciendo. A la edad de 50 años, Najwa estaba postrada en cama y su cuerpo parecía estar cobrándose toda aquella belleza y talento.
Eran creció y cuidó de su madre aún siendo solo un adolescente, además de atender todas las tareas de la casa. El semielfo en sus ratos libres se interesaba por conocer las aptitudes más llamativas de sus primogénitos, siempre rodeado de la colección de libros que su padre había abandonado en aquella casa y de las partituras y los instrumentos musicales de su madre. Gracias al talento heredado de su madre y a la dedicación al estudio heredado de su padre, Eran empezó a comprender la magia desde un punto diferente, ya que era capaz de lanzar conjuros usando sus instrumentos musicales.
En el invierno de su veinteavo aniversario, Eran enterró a su madre, completamente sumido en el dolor y la soledad. Odió al mundo y a su padre por haberlos abandonado de esta manera. Creyendo que la misma debilidad que postró a su madre corre por sus venas, decidió salir a buscar una manera de encontrar la vida eterna o al menos, alguna forma de vivir los años que le tocasen de una forma plena. Lo único que se llevó fue el bello violín de manufacturación gnoma de su madre y un libro de partituras donde había descompuesto el conocimiento de la colección de su padre.