Kai

Lágrimas del dragón divino

Segundo Acto – «Valor» 甲斐

Con todo esto, Kai, se vio solo con tan solo 9 años. En su aldea nadie quería saber nada del «niño maldito». Al poco tiempo, decidió irse de su pequeña casa. De hecho, ya nunca dormía dentro, no podría haberlo hecho, cuando lo intentaba, solo podía ver a su madre, allí tirada en el suelo. Cubierta de sangre, con los ojos retorcidos y toda ella hecha un amasijo de brazos y piernas. El mismo tuvo que enterrarla, dado que nadie se iba a acercar a ayudarle.

Casa de Kai en la aldea de Unazuki Onsen

Vagó durante tiempo, hasta que los días se convirtieron en meses. Para el, los días solían ser todos iguales. Mendigar en un poblado, preguntar casa por casa si le ofrecían algo de comer si el ayudaba en lo que le pidieran, o cuando no había más opción y el hambre le hacía sentir un ardor inconmensurable en el estómago, robar en el mercado para comer. Ya se había acostumbrado a las palizas de vez en cuando, cuando lo cogían con las manos en la masa, o algún pobre desgraciado como el, intentaba quitarle lo poco que hubiese conseguido ese día.

Centro de la Aldea de Unazuki Onsen
Kai frecuentaba con su madre el mercado a menudo antes de la tragedia.

Sin saber hacia donde estaba yendo, parecía que o sus pies o el mismo destino quisieran que llegara al sur de la isla. En el puerto, había muchos marineros, de aquí para allá. Parecía como si sus movimientos estuviesen ensayados, parecía más bien, una coreografía. Había marinero portando un barril, subiéndolo a borda a través de un tablón delgado que se combaba cuando el caminaba sobre el, a él no parecía importarle estar llevando a su hombro un barril que por su aspecto, parecía pesar como una roca enorme. Había otro que estaba atando cabos y desatando otros. A su lado tenía un hombre con semblante adusto que estaba con un pergamino en la mano. Iba de aquí para allí, parecía estar vigilando que todo el mundo hiciera su trabajo.

Kai vio una insignia en el barco que reconoció al instante. Era la insignia de los guerreros samuráis exiliados de la aldea de Ako. Se acercó hacía la parte izquierda del barco, a babor, y allí encontró a un hombre, estaba sentado y solo, vestía diferente a los tripulantes. Llevaba un Kimono raído blanco y rojo, sucio por el desgaste debido a su continuo uso, una Hakama negra. Iba descalzo, Kai se preguntó porque no llevaba un par de Geta. Para el, el calzado era lo más preciado, dado que se había pasado casi un año y medio andando, yendo de poblado en poblado.

Isshin de Ashina.
Aquí se puede apreciar que lleva su Hakama, son unos pantalones tradicionales japoneses que se usaban para montar y para luchar. Estos tienen 7 pliegues los cuales simbolizan las siete virtudes del budo: Jin (Caridad, Benevolencia), Gi (Honor o Justicia), Rei (Cortesía y Etiqueta), Chi (Sabiduría, Inteligencia), Shin (Sinceridad), Chu (Lealtad), Koh (Devoción).

Kai se le acercó, el chico llevaba puesto un saco de arpillera que le hacia de camisa, y unos pantalones hechos jirones hechos con harapos. El pequeño Kai, semiorco (del nacimiento de un humano y un orco), tenia un parecido a su padre bastante notable, sobre todo en sus ojos, que eran de un amarillo apagado, lo más curioso de esos ojos, es que Kai, contaba con 3 tomoe a parte de su pupila central. Dice la leyenda que «Satori» un Youkai (los Youkai o Yōkai pueden ser espíritus, fantasmas, monstruos que cambian de forma, personas que sufren transformaciones y animales con características humanas y que cuentan con poderes sobrenaturales) que habita en la montaña y se dedica a leer los pensamientos de los humanos para saber sus debilidades y miedos mas profundos, contaba con esos mismos ojos pero de color rojo.

Isshin, al ver a Kai, reconoció esos ojos de inmediato. La verdad era que Isshin de Ashina contó antaño con la ayuda de Ukonzaemon Usui cuando el Castillo de Ashina fue asaltado por una fuerza enemiga. Isshin pudo ver con sus propios ojos como Usui, «El Búho», se enfrentaba el solo con tu Katana a más de 7 enemigos a la vez sin recibir ni un solo rasguño.

«¡Eh, chico, acércate!» Esas fueron las primeras palabras del futuro maestro de Kai. Después de todo lo que le contó Kai a Isshin, obviando el asesinato de su madre, Isshin vio en sus ojos ese dolor, que solo se puede ver en aquellos ojos verdaderamente afligidos por un dolor terrible e inmensurable. Fue ahí cuando por el respeto que le profesaba a Usui, decidió acoger a Kai bajo su tutela para adiestrarlo en el arte del samurái, con todo lo que ello conlleva.

Barco de los 47 ronnin de Ashina.
Nada más les queda, ahora viven exiliados en la Isla de Ako y contraen trabajos del Shogun de dicha aldea, este barco fue proporcionado por el Shogun Yōsai, que dio esta nave a los 47 de Ashina dado que el emperador ya no necesitaba ese navío.

Por primera vez Kai tenia la sensación, de que en aquel barco, a la deriva, por fin podría hacerse fuerte, para así algún día poder estar a la altura y poder dar muerte a su padre por haberle quitado a la única persona que el amaba en este mundo. Pronto sabría el sacrificio que tendría que hacer para ello.

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