• Eran

    Otra noche de triste descanso…

    Aquel mestizo lo había vuelto a hacer, otra oportunidad de demostrar que había cambiado, perdida. Se dejó caer al incómodo lecho improvisado, mientras se frotaba los hombros con las manos, para intentar quitarse sin éxito aquel molesto frío. Un frío que no le había abandonado desde la muerte de su madre y que se había acrecentado desde su llegada a Barovia. Su mirada se desvió un momento hacia Iraena, quien aún conservaba una pequeña mueca en la cara, un resto vestigial de las múltiples carcajadas producida por la bravuconería de Eran. ¿Cómo iba a plantarse en el Castillo de Ravenloft? ¿Cómo iba a compartir una cena con Stradh? Y mucho…