Master

Dormirse en una pesadilla, despertar en el infierno

La frialdad de las supuestas pasteleras, con la que os explican lo que hacen; la falsa inocencia tras sus ojos, con la que os están intentando engañar con cada palabra que dicen; el hedor a icor que inunda la sala… la maldad que rezuma la tierra que pisáis. Todo a vuestro alrededor parece estar corroyendo vuestros corazones, que carga contra vosotros mismos con sentimientos dolorosos, punzadas terribles de recuerdos que no queréis desenterrar. En realidad, no tenéis nada firme que os mantenga allí y, sin embargo, algo os impide iros. Esa infección obnubila totalmente vuestras mentes y, al final, todo estalla.

Los niños resultaban estar presos en los pisos superiores, hacinados en el interior de un baúl mohoso. Descubrirlo desató la ira de las sagas. Todo ocurrió muy deprisa, demasiado… su magia era terrible y la emplearon sin contenerse, al ver los terribles ataques que recibían. Kai, Seraphina y Eran caen presas de la polimorfia. Ante la amenaza de Morgantha, Aesis se rinde. Todos os sumís en un profundo sueño, del que creéis firmemente no volveréis a despertar, pero…

 

Eran vuelve a estar tumbado sobre el regazo de su madre, quien está cantando una dulce melodía, la misma que él más tarde aprendería con el violín. Cuando abre los ojos, su madre le sonríe y le acaricia el pelo. Ambos estáis en el porche de vuestra casa. Huele a las flores sembradas en el jardín, el sol del ocaso hace brillar el cielo con un calor agradable y una suave brisa recorre la pradera y mece la hierba. La escena es tan acogedora, que por un segundo, tu mente está en calma, cierras los ojos y respiras profundamente, como si quisieses parar el tiempo. Al abrir los ojos de nuevo, el cuerpo putrefacto de tu madre te está agarrando con manos frías, clavando sus huesos en tu carne. Un líquido negro espeso le cae de la boca mientras cuervos le arrancan la piel a tiras. La fragancia de flores se torna pestilencia y la calma, en pánico. Quieres gritar, pero no puedes.

 

Seraphina vuelve a estar en el taller de orfebrería, donde sus padres le mostraban sus creaciones, siempre con el brillo característico en los ojos de quien siente pasión por lo que está haciendo. Te piden que vayas al almacén a por una de las nuevas piedras preciosas que había traído Baltharon. Vas correteando hasta la trastienda y buscas a tientas el candil que usáis para bajar al oscuro escondite donde las guardáis. Te encanta ir a buscar piedrecitas, tus padres dicen que siempre escoges la más brillante. Al encender el candil, de la oscuridad emerge Baltharion quien te coge y te arrastra bajo tierra. Intentas llamar a tus padres, pero te das cuenta, que te están mirando desde la puerta, con mirada de desprecio. Lloras ante esas garras que amenazan con enterrarte viva, pero los padres que tanto decían quererte, ahora no tienen más que insultos y vejaciones que decirte. Sus palabras te hieren más que los desgarros que te provoca el suelo al morderte y tragarte. Quieres gritar, pero no puedes.

 

Kai vuelve a estar abrazando a su padre, quien le dice que por fin ha terminado todo y podrá estar en casa con su madre y él para siempre. No más guerra, no más misiones, ahora es libre. Está de pié, con su padre de rodillas rodeándole con los brazos. Su madre abraza a los dos mientras besa al orco en la frente. Lágrimas de felicidad inundan tus ojos, por fin sois una familia. Te dice que te enseñará el arte de la espada, iréis juntos a pescar, te contará las historias de lugares lejanos donde ha estado. Por un instante, el sueño parece convertirse en realidad. Pero al terminar el abrazo, la imagen de quien tienes delante no es tu padre. Un demonio de ojos rojos se encuentra frente a ti con su espada corta apuntando a tu madre. Intentas avisarla, pero la hoja rebana su cabeza, que cae a tus pies, estremeciéndote. Notas una mano fuerte agarrándote la boca con tanta fuerza que no te deja respirar y parece que vaya a partirte los dientes. Ves la hoja acercarse a tu ojo y sientes como va entrando, un estallido de dolor te inunda, pero parece que nunca te mata, por mucho que avance el arma. Quieres gritar, pero no puedes.

 

Aesis vuelve a tener su barco frente a él. Han sido años e incontables millas recorridas pero, al fin, está ahí. Sin pensarlo un instante, aprovechando que está solo y sin vigilancia en el puerto, se lanza a cubierta e iza el ancla. Está en el mar, vuelve a sentir la brisa marina, las olas romper contra el casco, el tacto de su timón, de característica madera de Abedul de Shavarran, la madera más fuerte que existe. De repente, escuchas unos pasos detrás de ti. Te das la vuelta, pero no hay nadie… al volver la vista al frente, Mustang, con una velocidad mayor a la que te recordabas, te ha atado las manos al timón con una fuerte soga. Te dedica una sonrisa burlona y te dice: «Eres tan estúpido… si tanto quieres tu barco, estaréis juntos para siempre». Con un golpe de su bastón en la cubierta, un poderoso golpe de aire atraviesa el barco y el agua empieza a inundar el barco. Mustang empieza a reírse a carcajadas mientras te hundes con el barco. Como si de magia se tratara, el queda de pie sobre la superficie del mar mientras te dice adiós con la mano. El agua encharca tus pulmones y hace que cada segundo sea una agonía terrible que no cesa. Quieres gritar, pero no puedes.

 

Por fin, despertáis… Os encontráis en una estrecha jaula, maniatados y amordazados. Al abrir los ojos, una de las sagas, Ophelia, desciende los brazos que tenia dirigidos hacia vosotros y la mueca de su cara se convierte en una risotada estridente y burlona. Entre gritos, exclama:

– Ophelia: «Mirad, hermanas, ya se han despertado las ranitas y parece que han dormido muy bien, con sueños muy felices y agradables»

Las tres ríen burlonas, regodeándose en vuestro sufrimiento pues os dais cuenta que hay lágrimas en vuestros ojos. Bella tiene en sus manos a uno de los niños.

– Bella: «Freek, dile adiós a tu hermanita… pero no te preocupes, ella te seguirá pronto, porque vamos a prepararle unos pastelitos recién hechos a los huéspedes de nuestras jaulas»

El niño está tan aterrado que es incapaz de mirar el aspecto terrorífico de la Saga y tiene los ojos clavados en su hermana. Ambos lloran atemorizados, ninguno se atreve a mover un músculo. Trae al niño ante vuestras celdas cogiéndolo de ambos brazos y empieza a estirarlos en direcciones opuestas. Vuestros ojos se abren desmesuradamente al escuchar los huesos del niño crujir mientras grita hasta partirse por la mitad. Su sangre, sus vísceras, y sus entrañas caen pero no tocan el suelo.

Las manos de Morgantha se mueven grácilmente al otro lado de la habitación y el niño, hecho trizas, se torna una bola de carne en sus manos. Bella le da un bocado a los restos del brazo que han quedado en sus manos mientras sonríe al ver vuestras expresiones. Las tres brujas se reúnen alrededor del caldero donde están poniendo todos los ingredientes del pastel y empiezan a lanzar cánticos. Veis con un escalofrío que os recorre desde los pies hasta la cabeza como el alma del niño intenta escapar del interior del caldero, sin conseguirlo.

Un comentario

  • Eran

    Parecía ya olvidado, guardado en algún lugar donde la luz no puede abrirse paso, bien a dentro, en lo más oscuro y profundo, a buen recaudo estaba su recuerdo, hasta que llegaron para emponzoñar y corromper.

    Los ojos de Eran estaban abiertos como platos, mientras intentaba impedir que gritos grotescos y risas horribles penetrasen en su mente como ya lo habían hecho mientras dormía. La respiración del bardo se aceleraba, todo aquello era insufrible, nada tenía que ver con el asesinato de niños inocentes, las malas artes de las Sagas o la poca competencia del grupo para salir airosos de las contiendas. Aquellas abominaciones habían manchado lo más valioso, uno de los pocos recuerdos felices que atesoraba cuál dragón en su guarida había sido corrompido.

    En las entrañas del semielfo algo se estaba despertando, un deseo de muerte proveniente de la rabia y la cólera, que se agitaba por su mente, corazón y estómago, sus pupilas estaban fijas en todo lo que hacían aquellas asquerosas formas de existencia. No pasaría una, no perdería una oportunidad de hacerles daño, por mínima que fuese… y aunque dentro, todo era caos y desorden, por fuera parecía un cascarón inerte, esperando el momento para deshacerse de su camuflaje para convertirlas en polvo y esparcirlas por el suelo de aquel espantoso lugar.

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